NOTAS PARA el desarrollo intelectual hipotético del feminismo-conservador: Interpretación crítica del artículo "Women, Morality, and Sexual Orientation", Mary Becker, University of Chicago Law School.
1.-Básicamente la modificación relativa de la jerarquía patriarcal mediante el TRASPASO DE DICHA JERARQUÍA A LA MUJER- que en términos antropológicos implica aceptar la idea de que es la mujer la que puede y debe decidir- ambos presupuestos existenciales conjugados- sobre la sexualidad y su articulación social, implica que desde el punto de vista del delta o diferencial de jerarquía patriarcal que permanece constante- asumiendo que la sublimación es un fenómeno inherente al ser humano siendo mi proposición de fórmula de la sociedad biopolítica deseable en términos del factor feminista-conservador, F(sociedad deseable) = (relativización de la jerarquía patriarcal, moral actual), donde a su vez la variable que relativiza la jerarquía patriarcal podría estar determinada por la función F(jerarquía patriarcal) = (potencial de sublimación, moral actual).
Entonces precisamos de la aceptación consciente- aquí radica el control ético, es un acto reflexivo trascendente en el lenguaje, que no es un control de carácter prohibitivo de ninguna conducta sexual que esté dentro de la legalidad- por parte de la mujer, al decir de Mary Becker, respecto de sus elecciones sexuales realizadas auténticamente - centrándonos en la sexualidad como eje referencial del control social- con miras a la posibilidad de disociar su consciencia de su cuerpo al momento de ejercer la sexualidad, lo que significa en términos tradicionales, una solicitud de permiso moral- ya que interpreto normativamente la expresión autenticidad que ella reemplaza erradamente, desde mi punto de vista en términos de un falso dilema jerárquico respecto del término autonomía. Becker reemplaza autenticidad por autonomía para adjudicarle mayor valor normativo a la expresión autonomía precisamente, pero fenomenológicamente no deja de configurar o implicarse la existencia de UNA SOLICITUD DE PERMISO MORAL EN TERMINOS DE JERARQUIA MORAL AL MOMENTO DE RELATIVIZAR LA CONDUCTA. Esa es la sociología del fenómeno de relativización, según mi entender.
2.-Esta “solicitud” al constituirse en términos relativos, es evidente que no está negando la objetividad sexual que propuse- criticando el nuevo libro del terapeuta queer Matthias Roberts toda vez que Roberts esgrime la diversidad humana como equivalente a la diversidad sexual para justificar su interés en el servicio religioso católico-cristiano considerando que el es homosexual, señalado por el mismo cuestionando la compatibilidad de su vida sexual con tal servicio religioso.
Entonces yo defiendo la idea de que la diversidad humana no es sinónimo de la diversidad sexual como propone la teoría de género, donde todos tenemos que asumir, a priori, y, forzosamente que todos somos participes de la lógica no-heteronormativa precisamente a priori- sea porque al menos supuestamente estemos participando de al menos una dinámica de carácter queer. El sujeto queer en su carácter de indefinición, generalmente, se trata de un sujeto que no ha consumado plenamente su homosexualidad/bisexualidad, tratando de apreciar críticamente los momentos de constitución de dicha identidad, considerando que tardíamente tras la eliminación virtual y reemplazo del feminismo-lésbico de la década de los ochentas y noventas, por la política radical queer, pierde su calidad de constitución identitaria para configurarse meramente como una propuesta de igualdad de trato social y de trato legal para las minorías sexuales. Habría una pérdida de substantividad, aparentemente, pero en este caso yo me estoy refiriendo a la identidad queer en si misma, al modo en que se forja su construcción, etc.
Luego la autora mediante la solicitud de autenticidad busca lo que podríamos denominar una "liberación sexual controlada" si es que asumimos que los términos jerárquicos los expresamos desde esta concesión relativa de poder social otorgada parcialmente hacia la mujer, en estos términos sexuales-simbólicos y en términos antropológicos pragmáticas, las demandas sexuales concretas que las mujeres esgrimen en términos de la expansión de su territorialidad sexual, asumiendo en todo caso que dicha expansión, debido a la insatisfacción histórica, supuestamente debe satisfacerse de un modo no-heteronormativo. La fórmula que propone Becker, en todo caso, es un estándar moral alternativo para juzgar la conducta sexual que implique que la experiencia corporal de las mujeres esté disociada de su consciencia, a esto denomina objetificación que deniega la autonomía, que es opuesta a la no-objetificación que implica mutualidad y conducta deseada y disfrutada por las mujeres en términos de sus experiencias sexuales y modo de vida. Entonces, la autora extiende el estándar de objetificación que deniega la autonomía - ya que señala literalmente en términos de experiencia-vital que no es su deseo deberizar la no-objetificación porque no deniega directamente la objetificación que deniega la autonomía en razón de la libertad sexual de la mujer[se subentiende la no-objetificación o autonomía que respeta/autonomy-respecting como resulta ser el caso del sadomasoquismo señalado por ella explícitamente, puede ser en este modelo normativo una conducta consensual, y, yo diría en general una conducta espontánea y libre].
En lo personal creo que esta epistemología es solipsista y quizás peligrosa en términos del orden público ya que implicaría legitimar indirectamente la violencia sexual en algún grado, pensando en términos del discurso público. Finalmente aplica tal estándar a la heterosexualidad y a las relaciones lésbicas, concluyendo que la sexualidad masculina heterosexual es a menudo más inmoral porque el grado de objetificación que deniega la autonomía tendría un diferencial sistemáticamente mayor, señala, en las relaciones heterosexuales que en las relaciones lésbicas, debido a la diferencia en el factor de la dominancia que ocurre en las relaciones heterosexuales. Agrega que la objetificación que deniega la autonomía contribuye al estatus de subordinación de la mujer, perpetuando una “carga moral extra errada”, ya que, sostiene, la naturaleza compulsiva de la heterosexualidad implicaría que la mayoría de las mujeres quizás perciban una moralidad mayor y una intimidad equilibrada, respecto de las relaciones lésbicas- hace el presupuesto que una mujer compararía mentalmente las relaciones heterosexuales con las relaciones lésbicas.
Eliminar los tabúes con respecto a la existencia de las relaciones lésbicas, podría tener un impacto social considerable en la subordinación moral-represiva de las mujeres en las relaciones heterosexuales, incluso si es que la mayoría hubiesen nacido con una “orientación sexual reparada”- volveré sobre esta idea en el apéndice final sobre la fluidez sexual de algunas mujeres, esencialmente se refiere al proceso de sociabilización frente a la conducta masculina en términos canónicos o estándar, a pesar de que trata de desligarse de argumentar esencialistamente. Agrega, en fin, una apreciación política “Acceder a la mujer únicamente en los términos de la mujer, implicaría arrimarse a la izquierda-política en términos macros”.
Mi opinión, por lo pronto, es que no tiene porque ser así salvo que el paradigma epistemológico esgrimido sea materialista-reduccionista centrado en una lógica legalista, y, en todo caso, esta perspectiva tampoco permitiría en el caso chileno la inclusión de lógicas aborígenes como parte del estándar democrático de la ciudadanía ya que implica un conflicto filosófico con la lógica de la tradición.
Entonces, yo he reformulado la epistemología del estándar que Becker propone para juzgar alternativamente la conducta sexual, tratando de ser lo más crítico y altruista posible de modo de no incurrir en la deberización sexual que critica precisamente. Mi idea es tratar de relativizar el modelo de la conducta patriarcal responsablemente de acuerdo a determinados estándares que, como veremos, suscitan paradojas y contradicciones que deben ser comprendidas críticamente.
3.- Por lo tanto en estos términos, uno de mis objetivos podría ser demostrar científicamente, que el fenómeno queer es un fenómeno que 3.1.- si bien podría satisfacer dicha liberación en el contexto de que la mujer -según lo que la autora deja de manifiesto en términos de una sexualidad realista de la mujer, es decir, que en términos de una sociología realista la mujer expresa su sexualidad en contextos no idealizados, como los que propone y supone John Finnis y autores afines, autores que sustentan la posición de la Iglesia Católica dicho sea de paso- 3.2.- es, al mismo tiempo el fenómeno queer, un fenómeno de carácter materialista que surge como respuesta al materialismo filosófico expresado por Finnis en sus ideales-católicos, 3.3.- de modo que si no pudiésemos introducir la variable moral de una perspectiva metafísica o deconstructora de la metafísica- siempre recordando que la fenomenología presupone la ontología al decir de Heidegger- que no implique esta reducción materialista- caso del budismo- 3.4.- podríamos aseverar plenamente que existe hoy día lo que podríamos denominar justamente, la posibilidad latente de violencia queer, especialmente desde lo que podríamos denominar un anarquismo queer de índole masculino determinado indirectamente por la falta de jerarquización y aceptación consciente de la mujer frente a la elección de sus propios deseos de liberación- ver al final apéndice sobre la fluidez sexual de algunas mujeres-,lo que en todo caso, como sea que fuese, resulta paradójico con la idea que propone la autora respecto a la posibilidad consciente- por decirlo así- de disfrutar o elegir al gusto la “enajenación moral”, es decir, la disociación entre cuerpo y mente al momento de ejercer la sexualidad.
3.5.- Un asunto interesante sería preguntarse por las relaciones biológicas entre la relación existente entre mi proposición de entendimiento crítico de la negación de la autonomía-objetificadora como “liberación sexual controlada” y los posibles sujetos que satisfacerían dicha liberación. Tendríamos en primer lugar, una mujer consciente, o supuestamente consciente, de la disociación entre consciencia y cuerpo, por efecto de entender la autonomía moral en el ámbito sexual- el estudio de Becker apunta precisamente a la moralidad sexual en relación con estas variables- reemplazando la idea de autenticidad por la autonomía como una solicitud, esencialmente, normativa de permiso moral para relativizar la jerarquía de los valores sexuales canónicos en razón de la situación sociológico-histórica que ha experimentado la mujer sistemáticamente en términos de su placer sexual, lo que precisamente constituye una de las aristas relevantes intrínsecas a la petición de relativizar la jerarquía patriarcal.
3.5.2.-En segundo lugar, considerando que la violencia o intimidación en las interacciones sexuales entre hombres y mujeres, surgen como manifestación de un bucle de creencias machistas que permiten al hombre que opera de tal modo, justificar su proceder violento y agresivo por efecto de que, de acuerdo al estudio formulado por Malamuth, Briere y Check, los sujetos violentos sexualmente lo son en contextos sexuales como en contextos no-sexuales porque pseudo justifican para sí mismos la pseudo moralidad de tal agresividad. “In examining the correlates of sexual arousal from force, we found that those indicating higher levels of such arousal were more accepting of an ideology that justifies male aggression against and dominance over women. Furthermore, arousal from force was also found to be associated with greater acceptance of aggression in nonsexual situations”.
3.5.3.- En tercer lugar, podríamos preguntarnos por la naturaleza de la interacción biológica entre los hombres-queer respecto de la mujer que esgrime tal liberación y la relación del hombre-queer en relación con otros hombres-queer- la naturaleza real de la diversidad no-heteronormativa desde mi punto de vista- y la relación entre un hombre-queer con respecto, finalmente, a los hombres que viven una sexualidad plenamente heteronormativa.
A grandes rasgos, que, por defecto, la jerarquización entre un hombre-queer y un hombre-heteronormativo es un asunto que parece quedar esbozado como una relación moral-creativa si es que extendemos la fórmula moral de Frye que equipara a las feministas no-lésbicas a las feministas-lésbicas. Esta entonces, parece ser una conclusión inminentemente necesaria para la convivencia social saludable, al margen de las valoraciones socioafectivas de carácter objetivo un sujeto queer pudiese esgrimir respecto de un sujeto heteronormativo, o bien recíprocamente, al margen de las valoraciones que un sujeto heteronormativo pudiese esgrimir respecto de un sujeto queer.
3.5.4.- En cuarto lugar, la jerarquización entre queers deberían formularla por ellos y ellas mismos, toda vez que constituye parte de esa liberación sexual por lo que deberizarla desde la heteronormatividad sería un despropósito para efectos precisamente de permitir precisamente esa relativización de la jerarquía patriarcal en el ámbito sexual.
3.5.5.- En quinto lugar, mencionaría tres asuntos que han sido tratados científicamente para entender que al relativizar la jerarquía patriarcal surgen fenómenos contradictorios relacionados precisamente con la heteronormatividad, a saber, 1) el ocultamiento de la bisexualidad de carácter activa en hombres,2) la variedad de parejas sexuales como terapia sexual dentro del matrimonio y 3) que las fantasías sexuales no-heteronormativas que ocurren dentro del matrimonio podrían servir de modelo a las lógicas sexuales no-heteronormativas. 4) La idea no es deberizar nada relativo al fenómeno queer en términos de contingencia de la liberación feminista, sino ilustrar que existen fenómenos que no propician la liberación feminista de un modo ordenado y eficiente, después de todo descartada la idea de que la lógica marxista pudiese aportar algo, necesariamente es preciso plantearse estos fenómenos en términos de una sociedad que valora el capitalismo.
.
4.- De modo que es fundamental entender que estamos en presencia tal como señala Volker Woltersdorff, leído marcusinamente, que estamos en presencia, casi por defecto, de lógicas que promueven el disfrute irresponsable de la sublimación-represiva, lógicas que podrían lamentablemente llegar a la violencia precisamente porque al no establecer las jerarquías pertinentes, se incurre en la naturalización, de lo que sexualmente desde mi punto de vista no es naturalizable a menos que sustentemos, paradójicamente, ideas religiosas a priori(1).
Notas
1.- Acotaría que, finalmente, la metaparadoja que propongo respecto de la solicitud de autenticidad o permiso para ejercer dicha sexualidad disociada, implicaría razonar religiosamente para su solución- cuestión que me parece bastante realista desde mi convencimiento moral personal – convicciones que en todo caso parecerían bastante probables de ser aceptadas en términos de ser consideradas convicciones justas en el discurso público. Trato de ilustrar que se puede ser perfectamente moral considerando valiosas las mismas consideraciones que el sistema moral católico en el ámbito sexual, pero evitando incurrir en un exceso de disciplina mental que es desde mi punto de vista, causalistamente en este caso, la naturaleza del problema actual de la crisis de la Iglesia Católica, que se niega a relativizar sus jerarquías, tratando de exteriorizar mi convicción personal en términos sociales.
2.- La posibilidad de incremento de la violencia social que postulo, estaría implicada de la falta de visibilización expresa y racional de los fenómenos de bisexualidad, tanto respecto de hombres como de mujeres, en los diversos roles que acontecen, con referencias fundamentalmente a la idea de pérdida de la jerarquía social, como sinónimo de la pérdida del respeto social entre las diversas dinámicas de sociabilidad existentes.
3.- El statu-quo sociológico de la Religión Católica, no debería ser negado de un modo contestatario- al margen de los fenómenos de delitos sexuales en términos legales, que competen a la justicia penal nacional, pensando además en términos de los razonamientos de justicia del actual Papa.
La Iglesia Católica, debería, por lo tanto, estar receptiva de las mejorías que podría obtener de religiones no-duales como resulta ser el caso del Budismo, en caso de seguir razonando primariamente en términos católicos, y, que estos razonamientos se consideren valiosos socialmente. Cabe destacar que la propia autora señala que el cristianismo de raigambre católica tiene una obsesión por evitar la lógica del pecado. Yo traté de demostrar a este respecto, expresando de la forma menos dual posible en mi Ética-Queer de base matemática, que el budismo busca una conexión espiritual en lugar de reprimir, lo que en todo caso, resulta importante porque es la propia autora nuevamente que señala que el cristianismo no se reduce a la perspectiva que el catolicismo esgrime, lo que no obsta en todo caso a que la naturaleza de los valores morales permanece, no obstante la discusión aquí resulta ser un asunto de medios, como ha sido en todo caso tradicional en la filosofía, pensando por ejemplo en el problema religioso subyacente en el problema del método y la teoría cartesiana, se trata del método adecuado o correcto moralmente para llegar la experiencia de Dios, a la espiritualidad genuina, etc.
4.- Sobre las implicancias políticas de la relativización de la jerarquía, creo que un sistema marxista propendería a la defensa de la ausencia de jerarquías en términos de que la hipótesis de un feminismo-conservador sea deseable socialmente, por lo que jamás defendería una postura marxista al respecto.
En términos económicos el laissez-faire de Marcuse se trata de una propuesta liberal en términos económicos, pero conservadora en términos valóricos, no debería, por lo tanto, ser la visión feminista-conservadora, un impedimento, incluso, para las personas que defienden una perspectiva de derecha-tradicional.
5.- La objetificación que propone Becker- término no definido racionalmente habitualmente señala la propia autora- que finalmente implica entender la masculinidad heteronormativa como un fenómeno mucho más inmoral que el fenómeno no-heteronormativo, paradójicamente, creo que se debe a que ella contrasta el modelo católico epistemológicamente de un modo superficial o muy probablemente apelando al reduccionismo materialista, en estos mismos términos, implicando intrínsicamente naturalizar o asumir como un bien, la sublimación-represiva. Específicamente la defensa católica, en este punto, resulta ser extremadamente conservadora que incluso Finnis señala que hay conceptos en estos términos que no son objeto de demostración alguna.
Precisamente, yo propongo que esta es la naturaleza de respetar y distinguir, las relaciones lésbicas del lesbofeminismo, precisamente ya que la idea del lesbofeminismo devendría, según mis cuantificaciones, siempre como un fenómeno social anárquico y por lo tanto alejado de la lógica democrática y el razonamiento público.
En todo caso, precisamente objetificación, es fenomenológicamente una traducción moral de una invariante fenoménica que trata de dar cuenta, objetivamente, de la falta de respeto emocional hacia la mujer, en general, por lo tanto, no creo que haga falta, ni me parece justo, expresar esta molestia social en el objeto cultural lesbofeminismo, ya que incurrimos en lógica sexista, siguiendo la paradoja que Daumer esgrime respecto de la inestabilidad de la teoría de género que deviene sexista y homofóbica al buscar precisamente los objetivos contrarios, ya que precisamente nos alejamos de la democrática fórmula moral de Frye, para entender democráticamente el feminismo-lésbico.
Finalmente, la pregunta por el desbalance moral, entre la masculinidad heteronormativa y la masculinidad no-heteronormativa [queer y lógicas afines] ante la hipotésis de un “excedente de moral intríseca”, característica propia, supuestamente, de la masculinidad heteronormativa, es por lo menos, habría que señalar, invertir los valores morales tradicionales en términos de las minorías sexuales.
Yo propongo, epistemológicamente a este respecto, buscando una lógica realista para pensar y cuantificar los valores morales en términos sociales, el que se complementen las ideas no-heteronormativas con ideas de carácter antropológico relacionadas con la lógica de la tribu como las que proponen Janice Boddy en “Wombs and Alien Spirit”,Chicago University/Wisconsin University y Julio Caro Baroja Chicago University, donde es posible, evitando negar la objetividad, hacer una distribución de valores morales entre hombres y mujeres. Además, podría pensarse en la perspectiva antropológica que Levi-Strauss esgrime para entender el complejo de edipo o el complejo de electra. Tales conclusiones deberían ser evaluadas por un equipo multidisciplinario de carácter crítico que incluya todas las opiniones políticas del statu-quo.
6.- Artículo Mary Becker, Chicago University, año 1998. http://www.mediafire.com/file/mqaiz50srgj9jy1/MaryBecker_WomenMoralityandSexualOrientation.pdf/file
7.- Sobre la ideología de la violencia en las relaciones sexuales.
Extensión de modelos heteronormativos a modelos no-heteronormativos.
9.- http://www.mediafire.com/file/ulp4ctgd9kon6zx/orientaciones_noheteronormativasenmatrimonios_extensionmodelosnoheteronormativos.pdf/file
10.- Crítica terapia poliamor-consensual. http://www.mediafire.com/file/nj9rdjgdz4f38nc/analisis_critico_terapia_logicanomonogamica_poli-amorconsensual.pdf/file
11.- Crítica antropológica al complejo de edipo.
12.- Ocultamiento bisexualidad-activa.
Apéndice.
Naturalización de la Sexualidad Lésbica: La Fluidez de La Sexualidad de Algunas Mujeres.
1) La autora sugiere que si la mayoría de las mujeres nacieran con una “orientación sexual heterosexual reparada”, que implique la eliminación de los tabués respecto de las relaciones lésbicas, no obstante, de igual modo van a crear presión en el hombre-heterosexual para que las relaciones heterosexuales sean más justas y más igualitarias.
2) Agrega que si las mujeres nacieran con una fluidez sexual entonces muchas de ellas estarían interesadas en las relaciones lésbicas.
3) La autora señala que la orientación sexual entendida en su sentido habitual es simplemente no determinante y nada relevante para la mayoría de las mujeres debido a que el sexo físico es simplemente no importante, con independencia de la relación de entrega y conexión en la que se encuentre dicha mujer, en parte porque la sexualidad femenina no está organizada alrededor de los objetos físicos, pero si alrededor de la calidad de la intimidad emocional que suscita una relación personal.
4) La autora declara que su sexualidad es una sexualidad carente de orientación sexual, pero que a pesar de actuar lésbicamente e identificarse como lesbiana, a partir de los cuarenta años, nunca se sintió como una lesbiana reprimida o una bisexual reprimida. Antes de esa edad mantuvo un comportamiento sexual heterosexual la mayor parte de su vida. Agrega que para ella el amor físico de un amante masculino o una amante femenina, no ha sido nunca algo relevante.
5) Finalmente la autora relaciona la bisexualidad con la incapacidad constitutiva para mantener una relación monogámica. Ella define la bisexualidad como “encontrar placer con el sexo opuesto sobrepreocupándose por gustar físicamente al amante con quien se tiene sexo físico, en cuyo caso uno es bisexual”.
6) La autora hace sinónimos la posibilidad la fluidez sexual de la mujer con la posibilidad de la experiencia-vital de vivir desprovisto de orientación sexual.
7) Respecto a la realidad del debate relativo al derecho constitucional del matrimonio igualitario en Estados Unidos en relación a las prohibiciones de las que adolece el matrimonio lésbico, señala que la discriminación es formal y substancial sobre la base del sexo. En un nivel formal en razón a que hombres y mujeres son tratados de forma diferente, únicamente el hombre es el que desposa a la mujer. En un nivel substantivo porque la ley presiona –sociológicamente- a la mujer a la subordinación y a la explotación- de las relaciones heterosexuales.
Agrega que la Corte Suprema de Estados Unidos juzga con limitaciones y rigidez porque tales limitaciones son impuestas a los individuos en razón de la teoría de género, a través de los roles de género de modo que la igualdad obtenida legalmente es meramente formal, reforzando tal discriminación, paradójicamente, los roles tradicionales y los estereotipos.
El Gobierno de Estados Unidos, apropósito del fallo Baehr v. Lewin debería demostrar que la clasificación “sirve a importantes objetivos gubernamentales” “debe estar sustancialmente relacionado substancialmente relacionada a la obtención de aquellos objetivos”- tratando de ilustrar la autoreferencialidad de la argumentación legal.
Finalmente, la autora insiste en que sea cual sea la discriminación sexual, esta debería estar justificada por evidencia en relación a la validez y fortaleza del objetivo gubernamental. Lo cual personalmente me parece, un contrasentido en cierta forma porque ¿Para qué habría de llegar al punto de naturalizar la lógica lésbica, desde mi punto de vista, y exigir fundamentos ontológicos para justificar el proceder del gobierno?. Es, creo yo, una forma de soslayar absurdamente la idea de que la ley realmente no puede funcionar con pretensiones de justicia reales, si es que prescinde de las ideas morales propias de la tradición, en lugar de naturalizar y por sobre todo, buscar valor moral en una naturalización que jamás podría obtener tal valor plenamente.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario