domingo, 13 de septiembre de 2020

Caracterizando el Feminismo Substantivo [corriente Mary Becker, Richard Posner].

 Caracterizando el Feminismo Substantivo [corriente Mary Becker, Richard Posner].


La función integración feminista actual/feminist in law estaría dada por dos variables, a saber, por una parte, la modificación de la jerarquía patriarcal, es decir la idea un feminismo dominante en sí mismo a modo de idea fundacional, y, por otra parte, lo que yo denominaría la deconstrucción de la ontología-histórica relativa al carácter de la sororidad en términos de interacción social.

Ahora bien, el problema final realmente no versa acerca de la sororidad en si misma- siempre pensada críticamente, por supuesto- ni tampoco acerca los actores-sociales involucrados en tal integración en sí mismos, esto es, sus cualidades morales actuales, sino que la variable relevante, propongo, es la idea que denomino ecuación sociológica del potencial de sublimación- con miras a la modificación futura de las cualidades morales, cuya fórmula es F(sociabilidad deseable)= (potencial de sublimación, moral actual).

Este planteamiento, evidentemente, nos remite a la idea de que los actores-sociales involucrados necesitan cierta dosis de complacencia o hedonismo, para desarrollar unas cualidades cognitivas de forma sustentable. Perfectamente podríamos entender a este respecto que la problemática de las ideas invasivas moralmente radica en la carencia de aceptación psicológica de la cualidad moral actual.

El problema es que respecto de la cuantificación del momento existencial presente, la cualidad moral que configura la jerarquía patriarcal no es una cualidad que permita aseverar que los actores-sociales involucrados disfruten conscientemente u obtengan provecho racional de dicha cualidad moral. Es por el contrario una cuantificación que podríamos denominar “cuantificación defensiva” para esgrimir una jerarquía que exalta la defensa en si misma porque el objeto cultural intrínseco a defender es la dominación.

Entonces, si la variable jerarquía patriarcal la entendiésemos con la función,

F(jerarquía patriarcal) = (potencial de sublimación mínimo, defensa de la dominación) tiene mucho sentido, pensar que la integración feminista actual encuentre en la lucha por los derechos la realización de la función integradora, básicamente porque 1) al ingresar la f(jerarquía patriarcal) en la variable moral actual, y al pensar el potencial de sublimación actual en términos de los derechos exclusivamente, el nivel de sociabilidad debería tender a disminuir ya que la ecuación estaría desbalanceada únicamente a favor de la variable sublimación.

Por otra parte, si nos remitimos a la cuantificación de la deconstrucción ontológico-histórica de la sororidad en términos de la variable potencial de sublimación, queda de manifiesto que la integración feminista se realiza en los derechos. No veo nada de malo en aquello, paradójicamente, pero es importante asumir que la moralidad esgrimida en este sistema de integración feminista es definitivamente una externalización del valor moral que ahora se realizaría en las estructuras legales. Aquí se produce precisamente la disminución del valor de la función sociabilidad-deseable porque el impacto social o razón de sociabilidad que la tradición puede tener en términos del potencial de sublimación es mínima, lo que para los conservadores es sin lugar a dudas, costo social.

Entonces, la primera conclusión que deberíamos obtener es que la lucha feminista por la integración a través de los derechos, no es suficiente argumento en una sociedad democrática para defender el valor que podríamos denominar “igualdad feminista” como sinónimo de la igualdad. Es preferible para quienes suscribimos un feminismo conservador, al igual que Richard Posner, plantearnos la igualdad en términos de la diferencia.

La igualdad plena necesita soporte ontológicos plenos. Esto no significa que los valores morales no deban seguir realizándose sino que simplemente nadie podrá excusarse moralmente en el argumento de la igualdad feminista para justificar su proceder moral. Son dos argumentos radicalmente diferentes.

En el fondo el feminismo sigue siendo hoy por hoy, un ideal, ¿respetable?, quizás y hasta cierto punto.

No obstante, esta disquisición no termina aquí. Existe una posibilidad más, la cual es mi propuesta de deconstrucción feminista para entender el valor moral que podríamos esgrimir desde un sistema biopolítico que exprese sus raíces morales. Esto guarda relación con lo siguiente. Eso sí hago la prevención de que nuevamente incurriremos en la idea del potencial de sublimación precisamente porque de acuerdo a mi visión lo que estaría en juego sería un diferencial de sublimación respecto del cual nadie estaría haciéndose responsable actualmente.

Hacia una deconstrucción de la ontología-histórica de la sororidad. De la sororidad al feminismo.

La que podríamos llamar la primera fase, estaba constituida por la etapa mágico-religiosa, en la cual el conjunto de hechiceras de la tribu o las tribus, comparten la adoración o devoción por la energía interna. Mundo Antigüo al Imperio Romano y de Roma hasta la Revolución-Francesa, hay pensamiento mágico-religioso. La diferencia entre las etapas posteriores a la etapa mágico-religosa con la etapa mágico-religiosa propiamente tal es que el pensamiento mágico y el pensamiento religioso son complementos en la etapa mágico-religiosa, siendo el pensamiento mágico en aquél entonces- época babilónica- un verdadero contrapeso al pensamiento religioso de grandes ideales.

Entonces con el pasar del tiempo, desaparece el pensamiento mágico y el pensamiento religioso progresivamente involuciona en términos historiográficos y se burocratiza, siendo la expresión máxima de esta situación la posibilidad de comprar títulos de nobleza- una forma de acceder ficticiamente a las experiencias implicadas de la práctica y vivencia del fenómeno religioso, el noble es noble porque es piadoso y altruista, respetado, además de poseedor de una gran fortuna la que carece en lo absoluto del sentido ritual que tuvo en la época mágica-religiosa, los faraones de egipto eran considerados divinidades y su riqueza no tenía meramente un objeto comercial, sino que representaba la cristalización de los fenómenos espirituales en el mundo terrenal.

La segunda fase está constituida por la vivencia de la mujer después de la revolución industrial, la idea del progreso reemplaza la idea de la realización religiosa, entonces la mujer proletaria de alguna forma sigue el ejemplo de la mujer de clase alta que se rebela contra el orden moral establecido y esencialmente, en mi opinión, contra la violencia que denuncia Engels, en el “Origen de la Propiedad Privada, El Estado y la Familia”, donde se traslada la lucha de clases a la lucha doméstica cotidiana entre marido y mujer. Entonces, la idea materialista de mujer reemplaza la idea de magia-religión y la preocupación política es ahora no por el compartir centrado en la energía interna sino en aquellas actividades y beneficios que la mujer puede obtener comparativamente con el hombre, de modo que es una búsqueda o realización en lo material, realización en la idea de mujer en sí misma. Esta etapa se condice con la primera y segunda ola o generación del feminismo.

La tercera fase está constituida por la tercera ola del feminismo que surge en los noventa, con la idea de aterrizar la metafísica de la segunda ola buscando solventar a nivel cotidiano una sociología de la mujer, lo que personalmente creo se trata de lo que actualmente en términos epistemológicos se denomina, feminismo de la dominación. Se trata de un modo de repensar los estándares de trato social, no únicamente entre mujeres y hombres, principalmente, sino también de afectar las relaciones jerárquicas entre hombres.

En esta fase hay una notable propensión de parte del movimiento feminista a solventar las ideas de la liberación homosexual/bisexual por efecto de que el feminismo al abandonar sociológicamente los caminos metafísicos que esgrimía en la segunda generación- de forma abstracta o netamente metafísica carente precisamente de los hechos materiales que le dieran cauce cotidianamente- ahora al ser un feminismo del devenir cotidiano no preocupado moralmente por ideales metafísicos sino por desarrollar una forma de convivir, precisamente necesita de fundamentos morales que le permitan esgrimir con legitimidad el objeto de su deseo. Es entonces que en este punto construye una ontología de la realidad para satisfacer su deseo de forma pragmática deconstruyendo la masculinidad – y la feminidad por cierto- pero en esencia desarrollando una lógica constructivista de dudoso carácter moral al menos en el sentido tradicional ya que se busca por ejemplo la igualdad a través de la realización de valores relativos como por ejemplo la asociación de valores tradicionales o absolutos a valores relativos como el matrimonio homosexual, de esta forma la deconstrucción de la cotidianidad es una estrategia sociológica para la realización del deseo capitalista de forma inmediata carente de cualquier filtro moral.

Finalmente esto tiene como consecuencia que la sororidad en la actualidad sea entendida como la integración entre las feministas no-lesbianas y las feministas lesbianas- siguiendo a Elisabeth D. Daumer- siendo el lesbofeminismo la expresión más materialista y al mismo tiempo más alejada del sentido mágico-religioso, teniendo por lo tanto el derecho la mayor relevancia en relación con esta realización sociológica post-estructuralista y siendo el derecho mismo el nuevo objeto mágico-religioso, aunque esto no esté explicitado evidentemente por el feminismo de tercera generación- cuestión que trataré de demostrar en último término.

Cabe destacar que la idea de sororidad actual es una idea absolutamente kantiana, la mujer como noúmeno, es la devoción de las mujeres por la idea material de mujer en si misma.
Recapitulando, entonces, la fórmula de la actual integración feminista mediante la lógica que determina la expresión Feminist In Law, sería algo del siguiente tenor,

F(integración feminista) = (modificación de la jeraquía heterocapitalistapatriarcal, deconstrucción ontológico histórica de la idea de sororidad).

Esta nueva función matemático-sociológica plantea preguntas novedosas en relación a la coherencia entre la idea de modificación de la jerarquía y el potencial sublimatorio- ver la ecuación del potencial de sublimación- de la lucha por los derechos feministas.

De modo que si la lucha feminista tiene un potencial de sublimación infinito, tendríamos que asumir,al menos desde el punto de vista masculino heteronormativo,que para que la función ecuación del potencial de sublimación sea favorable- o matemáticamente nos entregue un valor positivo- el valor moral masculino actual debería, teóricamente, incrementarse caso contrario, el resultado de socialibilidad deseable, al menos no sería favorable hacia la masculinidad, no al menos con la visión católica que comenta Daumer, es decir, si particularmente la función integradora del feminismo de tercera ola se constituye por la equiparación de los elementos feministas no-lésbicos a los elementos feministas-lesbicos, a través de la idea de la estética-politica de la mentalidad-virginal con el objeto de pensar lo patriarcal creativamente, es evidente que este postulado es apriorismo o limitación a la ecuación del potencial de sublimación ya que el valor de sublimación nunca podría ser negativo, es decir, esta apreciación sociológica da cuenta de que el fenómeno patriarcal nunca debería desaparecer, paradójicamente, caso contrario no podríamos establecer la equiparación moral entre feministas.

Por lo tanto la ecuación de la integración feminista, considerando esta limitación debería ser,
F(integración feminista) = (modificación relativa de la jerarquíaheterocapitalistapatriarcal, deconstrucción ontológico histórica de la idea de sororidad), donde la expresión <relativa> implica que F(jerarquía patriarcal) no puede ser igual a cero en todos los casos, siendo el valor cero equivalente a la desaparición de la masculinidad absolutamente.

Una meta-pregunta para terminar. Siguiendo el pensamiento de Mary Becker, feminismo radical, ¿Qué ontología o fase de deconstrucción histórica defiende aumentar los niveles de moralidad masculina mediante la vía feminista y con qué objetivo o para qué? Si la fase mágico-religiosa constituyese la respuesta fenomenológicamente- equiparando los derechos actuales a los objetos mágico-religiosos- la respuesta estaría orientada hacia la disociación de la magia de la religión o en la integración magia-religión? ¿Cómo engarzamos estas ideas con la ecuación del potencial de sublimación?


Les saluda atentamente,


Equipo feminismo-conservador.


Notas.

1.-El lesbofeminismo, no es lo mismo que la integración moral-democrática que propone Elisabeth Daumer- ver al respecto Ética de la Mujer Lesbiana. 


2.-Hay que diferenciar el movimiento lesbofeminista de las prácticas sexuales con orientación lésbica. Fundamentalmente, el lesbofeminismo, apunta- dicho kantianamente- al ser en si mismo de la feminista lesbiana de un modo simbólico no integrado democráticamente, precisamente según la fórmula moral de Frye.



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